Introducción
El tránsito de la adolescencia a la adultez se enmarca en lo que la literatura ha denominado adultez emergente, una etapa del desarrollo comprendida aproximadamente entre los 18 y los 25 años, caracterizada por una elevada exploración identitaria, inestabilidad y progresiva asunción de responsabilidades adultas (). Durante este periodo, los individuos experimentan cambios significativos en los ámbitos personal, social y académico, consolidando aspectos clave de la identidad, la personalidad y los proyectos vitales (). Esta etapa se asocia, además, con una mayor búsqueda de sensaciones y con la experimentación de conductas potencialmente de riesgo, como el consumo de sustancias psicoactivas, el uso problemático de tecnologías o la adopción de patrones de sueño inadecuados.
En este marco, el acceso a la universidad constituye un contexto particularmente relevante dentro de la adultez emergente, ya que implica el primer contacto directo con responsabilidades propias de la vida adulta (académicas, sociales y económicas) y exige el desarrollo de habilidades de planificación, toma de decisiones y resolución de problemas en un entorno de mayor autonomía personal y académica, aunque todavía con dependencia económica y apoyo familiar en muchos casos (; ). Es por ello que, dentro del colectivo de jóvenes, el alumnado universitario conforma un grupo especialmente vulnerable a la realización de conductas de riesgo (; ; ; ).
Desde una perspectiva epidemiológica, el consumo de alcohol continúa siendo un problema de salud pública de primer orden, donde la Organización Mundial de la Salud estima que, a escala global, alrededor del 43% de la población mayor de 15 años consumió alcohol en el último año y que, el 4,7% de todas las defunciones, fueron atribuibles al consumo de alcohol ().
Según la Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España 2024 (EDADES), el consumo de alcohol en España continúa siendo elevado: el 92,9 % de la población de 15 a 64 años lo ha consumido alguna vez en la vida, el 76,0 % en los últimos 12 meses y el 63,5 % en el último mes. Además, persisten patrones de riesgo como las intoxicaciones etílicas agudas, el binge drinking y el botellón en población joven, lo que refleja una elevada normalización del consumo ().
El alcohol etílico es una sustancia psicoactiva y principal componente de las bebidas alcohólicas (), con efectos depresores sobre el sistema nervioso central. Su consumo inicial genera euforia y desinhibición, pero una ingesta prolongada reduce la energía y puede provocar coma etílico o muerte. Estos efectos se deben a su impacto en las funciones cerebrales, alterando el autocontrol de forma progresiva ().
Los efectos adversos del abuso de alcohol pueden manifestarse tanto a corto como a largo plazo. Según los criterios diagnósticos del DSM-5 () y la CIE-11 (), la dependencia alcohólica se define como un conjunto de fenómenos conductuales, cognitivos y fisiológicos que se desarrollan tras el consumo repetido de sustancias. Entre los criterios diagnósticos se incluyen el síndrome de abstinencia, la alteración del control, el deseo intenso de consumir, las dificultades para regular la ingesta, el consumo persistente a pesar de las consecuencias negativas y la priorización del consumo frente a las obligaciones familiares, sociales y económicas (; ).
En población universitaria, el consumo de alcohol se asocia a factores personales, académicos y sociales, como el estrés por metas (), las expectativas vitales y la percepción de libertad. A ello se suman exigencias estructurales del sistema universitario que requieren alta autonomía en la gestión del tiempo, lo que puede dificultar el ajuste en alumnado con baja autorregulación (; ). Otros factores, como la búsqueda de experiencias, la baja autoestima o la facilitación social, favorecen la priorización del ocio, vinculándose con mayor procrastinación y conductas de riesgo como el consumo de alcohol (; ; ; ; ).
La procrastinación académica se define como la tendencia a posponer tareas pese a prever consecuencias negativas. En el ámbito universitario, entre el 70% y el 95% del alumnado reconoce procrastinar (; ; ), fenómeno vinculado a déficits de autorregulación (gestión del tiempo, control emocional, motivación e impulsos), que generan estrés y conflicto entre intenciones y conducta. Estas dificultades se intensifican en la adultez emergente por mayores demandas de autonomía y responsabilidad (). Además, variables como la autoeficacia, las expectativas de rendimiento y las creencias de autorregulación influyen en la procrastinación, afectando al rendimiento y al bienestar (; ; ).
La procrastinación se ha conceptualizado desde enfoques unidimensionales, centrados en el retraso de tareas (), y modelos bidimensionales que incorporan la autorregulación. Se distingue entre procrastinación activa, basada en retrasos intencionales bajo presión, y pasiva, asociada a dificultades emocionales y falta de planificación. Aunque ambas comparten problemas de tiempo, autoeficacia y afrontamiento, la activa puede relacionarse con mejores resultados en algunos contextos, mientras la pasiva se vincula a mayores déficits de autorregulación (). No obstante, ambas pueden afectar negativamente a la salud mental y al rendimiento académico.
La relación entre procrastinación académica y consumo de alcohol es compleja y no unidireccional. La evidencia muestra asociaciones consistentes con peores indicadores de salud física y psicológica, aunque la dirección causal sigue siendo debatida.
El consumo de alcohol puede favorecer condiciones cognitivas y emocionales compatibles con el aplazamiento de tareas. La intoxicación aguda deteriora la inhibición de la respuesta, un componente central del control ejecutivo (evaluado en tareas Go/No-Go y Stop-Signal), incrementando la impulsividad y dificultando el mantenimiento de conductas dirigidas a metas bajo demandas cognitivas (; ; ; ; ). Además, tras la finalización de los efectos intoxicantes, el periodo posterior al consumo puede cursar con deterioro cognitivo: la resaca alcohólica se asocia con déficits en funciones ejecutivas, memoria de trabajo y atención, incluso con niveles nulos de alcohol en sangre (; ). En población universitaria, el binge drinking se asocia con alteraciones en el córtex prefrontal, reflejadas en menor control ejecutivo, memoria de trabajo e inhibición (). Estas disfunciones ofrecen un mecanismo por el que el consumo intensivo dificulta la planificación, la persistencia y la autorregulación académica (; ).
Por otro lado, la procrastinación puede aumentar la vulnerabilidad al consumo de sustancias al funcionar como estrategia de evitación y regulación del malestar inmediato. La evidencia longitudinal la asocia con mayor estrés y peor salud, señalando estas variables como vías explicativas y vinculándola con más conductas de riesgo en perfiles con menor autorregulación (; ). Un estudio de cohorte en jóvenes y universitarios confirmó su relación con peores resultados de salud mental y física, más allá de asociaciones transversales (). De forma convergente, otros trabajos muestran que mayores niveles de procrastinación se asocian con más conductas de riesgo, apoyando un circuito entre déficits de autorregulación, malestar psicológico y conductas desadaptativas, incluido el consumo problemático ().
Desde un enfoque motivacional y de afrontamiento, proponen que el consumo de alcohol en alumnado universitarios no debe interpretarse exclusivamente como una respuesta a factores sociales, sino también como una estrategia para afrontar las demandas académicas y emocionales propias del contexto universitario. A través de un análisis de conglomerados, estos autores identificaron distintos perfiles de procrastinación, mostrando que aquellos caracterizados por una menor autorregulación y una mayor evitación de tareas presentaban un riesgo significativamente mayor de consumo problemático de alcohol.
En este contexto, el objetivo general del presente estudio es analizar la relación entre los perfiles de consumo de alcohol y la procrastinación académica en alumnado universitario. De manera específica, se plantean los siguientes objetivos: (OE1) analizar los perfiles de consumo de alcohol y los niveles de procrastinación académica en función de distintas variables sociodemográficas y académicas; (OE2) examinar si los perfiles de consumo de alcohol se asocian con diferencias en las dimensiones específicas de la procrastinación académica, atendiendo especialmente a aquellas vinculadas con la autorregulación académica y conductual; y (OE3) analizar si los perfiles de consumo de alcohol se asocian con el nivel global de procrastinación académica.
A partir de estos objetivos, se plantean las siguientes hipótesis: (H1) el alumnado con perfiles de consumo de alcohol más problemáticos presentará puntuaciones superiores en las dimensiones de procrastinación académica relacionadas con la autorregulación, especialmente en mala gestión del tiempo, bajo autocontrol emocional y motivacional y asunción de riesgos; y (H2) los perfiles de consumo de alcohol se asociarán significativamente con la procrastinación académica total, de modo que el alumnado con consumo sin problemas y con consumo de riesgo presentará menores niveles de procrastinación académica que el alumnado con consumo problemático.
Método
Participantes
La muestra estuvo compuesta por 567 estudiantes procedentes de ocho campus universitarios de Castilla y León, con una mayor representación femenina (114 hombres y 447 mujeres). Esta distribución puede explicarse, al menos en parte, por la elevada proporción de participantes de Ciencias Sociales y Jurídicas (68.6%), rama en la que la presencia femenina es mayoritaria, tal como reflejan las Estadísticas de Indicadores Universitarios del , donde se informa de una presencia femenina del 61 %. Esta sobrerrepresentación también debe interpretarse en el contexto de la distribución real del alumnado universitario en Castilla y León, donde Ciencias Sociales y Jurídicas concentra el mayor volumen de estudiantes de grado (49.1%), seguida de Ciencias de la Salud (20.9%), Ingeniería y Arquitectura (15.6%), Artes y Humanidades (8.6%) y Ciencias (5.8%) ().
Para garantizar un tamaño muestral adecuado, se estimó como referencia un mínimo de 383 participantes a partir de la población total de estudiantes de Grado y Máster matriculados en Castilla y León durante el curso 2024–2025 (N = 93.034), aunque este cálculo debe interpretarse de forma orientativa debido al carácter no probabilístico del muestreo. La edad osciló entre los 18 y los 35 años, con mayor concentración en los 18 y 19 años, menor representación de estudiantes mayores de 25 años y predominio femenino en todos los niveles formativos (véase Tabla 1).
Instrumentos
Variables sociodemográficas
Se recogieron variables sociodemográficas para caracterizar la muestra, incluyendo la edad (agrupada en menores de 25 años, 25–35 años y mayores de 35 años) y tratada como ordinal), el género (masculino, femenino y otra categoría) y otras variables como la rama de conocimiento, el curso académico y la universidad de procedencia, con el fin de describir el perfil formativo y la distribución del alumnado dentro del sistema universitario de Castilla y León.
Cuestionario para Identificación de Trastornos Debidos al Consumo de Alcohol (AUDIT)
El consumo de alcohol de riesgo y problemático se evaluó mediante el AUDIT (OMS), validado en población española por y adaptado al contexto universitario por , con adecuados índices de fiabilidad (rs = .87; k = .85). El AUDIT consta de 10 ítems (0 y 40 puntos), lo que permite identificar distintos niveles de riesgo, desde un consumo de bajo riesgo hasta la posible dependencia alcohólica. Los puntos de corte propuestos por y aplicados por en población universitaria identifican tres subtipos de poblaciones: consumo sin problemas (puntos de corte de 0-7 en hombres y 0-5 en mujeres), consumo de riesgo (puntos de corte de 8–12 y 6–12) y consumo con problemas físico-psíquicos y probable dependencia alcohólica (SDA) (punto de corte de 13 puntos en ambos sexos, en consonancia con las recomendaciones vigentes para atención primaria.
Escala de Procrastinación Académica
Para la evaluación de la procrastinación académica se utilizó la Escala de Procrastinación Académica (EPA; ), compuesta por 16 ítems tipo Likert de cinco puntos, que evalúan conductas relacionadas con la planificación, la gestión del tiempo, la aversión a las tareas y la autorregulación académica. La versión original, mostró adecuados índices de consistencia interna, con coeficientes α = .82 para la procrastinación general y α = .86 para la procrastinación académica. La adaptación española realizada por en población de educación secundaria confirmó una estructura unifactorial y una fiabilidad adecuada (α = .80).
La adaptación al contexto universitario fue llevada a cabo por en una muestra de 1.734 estudiantes universitarios, dividida en dos submuestras independientes para la realización de análisis factorial exploratorio y confirmatorio. A partir de estos análisis se eliminaron dos ítems de la versión original debido a sus bajas cargas factoriales y a valores insuficientes de adecuación muestral. El análisis factorial reveló una estructura de cuatro factores interrelacionados (aversión a la tarea, mala gestión del tiempo, bajo autocontrol emocional y motivacional, y asunción de riesgos), con fiabilidad superior a .70 y una varianza explicada del 60,8 %. Este modelo tetradimensional mostró mejor ajuste y mayor capacidad explicativa que propuestas previas, permitiendo una evaluación más precisa de la procrastinación académica en universitarios.
Procedimiento
La muestra se obtuvo mediante muestreo no probabilístico por voluntariado, previa información y recogida del consentimiento informado. Inicialmente participaron 676 estudiantes universitarios, de los cuales se excluyeron 109 por no cumplir los criterios de inclusión, obteniéndose una muestra final de estudiantes de universidades de Castilla y León. La recogida de datos se realizó mediante cuestionarios online administrados a través de códigos QR y Forms de Office 365, garantizando el anonimato y la participación voluntaria. Los datos fueron depurados y analizados con SPSS 28.0. El estudio contó con la aprobación de los responsables académicos y de los correspondientes comités de ética.
Análisis de datos
Se analizaron las diferencias en los perfiles de consumo de alcohol según variables sociodemográficas (género, edad) y académicas (curso, rama) mediante Ji al cuadrado. Las diferencias en procrastinación se evaluaron con comparaciones de medias, comprobando previamente la homogeneidad de varianzas (Levene) y realizando un ANOVA cuando se cumplía (p > .05), con la prueba post hoc de Bonferroni y cálculo del tamaño del efecto ( ) en casos significativos. Además, se examinó la procrastinación según perfiles de consumo (sin problemas, riesgo, problemático) mediante ANOVA. Finalmente, se realizó una regresión lineal múltiple para analizar su capacidad predictiva, utilizando variables dummy y tomando como referencia el consumo problemático (p < .05).
Resultados
A continuación, se presentan los resultados organizados en función de los objetivos del estudio.
En relación con el primer objetivo específico (analizar los perfiles de consumo de alcohol y los niveles de procrastinación académica en función de distintas variables sociodemográficas y académicas), se observaron diferencias estadísticamente significativas en función de la edad, (4) = 14.79, p = .005. En términos descriptivos, el alumnado menor de 25 años presentó una mayor proporción de consumo sin problemas, mientras que la muestra entre 25 y 35 años mostró una mayor proporción de consumo de riesgo. Por su parte, el grupo de mayor edad presentó los porcentajes más elevados de consumo problemático. Unido a ello, se observaron diferencias estadísticamente significativas en función del género, (2) = 13.99, p < .001. Los resultados permiten observar que en las categorías de consumidor sin problema y de riesgo los porcentajes son similares, sin embargo, en la categoría de consumidor con problemas, los hombres reportaron porcentajes superiores. Por el contrario, no se observaron diferencias significativas en los perfiles de consumo de alcohol en función de la rama de conocimiento, (8) = 9.03, p = .340, ni en función de la situación laboral, (4) = 4.17, p = .383.
En cuanto a las diferencias en la procrastinación académica en función de variables sociodemográficas y académicas, no se observaron diferencias significativas en la puntuación total en función del género, F(1, 471) = 3.57, p = .060, = .008, ni en función de la edad, F(2, 470) = 0.70, p = .498, = .003, lo que sugiere que estas variables no se asocian significativamente en los niveles de procrastinación. Por el contrario, se observaron diferencias en función de la rama de conocimiento, F(4, 468) = 3.44, p = .009, = .029. El alumnado de Ciencias de la Salud presentó los niveles más bajos de procrastinación, mientras que las puntuaciones más elevadas se observaron en Ingeniería y Arquitectura y en Ciencias Sociales y Jurídicas.
Con el objetivo de profundizar en estas diferencias, se analizaron las distintas dimensiones de la procrastinación académica. No se observaron diferencias significativas según la rama de conocimiento en la aversión a la tarea, F(4, 548) = 1.94, p = .103, = .014, ni en la mala gestión del tiempo, F(4, 513) = 1.03, p = .392, = .008. Sin embargo, se encontraron diferencias estadísticamente significativas en la dimensión de bajo autocontrol emocional y motivacional, F(4, 507) = 2.85, p = .024, = .022, así como en la dimensión de asunción de riesgos, F(4, 532) = 4.01, p = .003, = .029. El alumnado de Ciencias de la Salud presentó puntuaciones más bajas en estas dimensiones, mientras que los valores más elevados se observaron en Ciencias Sociales y Jurídicas, Ingeniería y Arquitectura y, en el caso de la asunción de riesgos, también en Artes y Humanidades.
En relación con el segundo objetivo específico (examinar si los perfiles de consumo de alcohol se asocian con diferencias en las dimensiones específicas de la procrastinación académica, atendiendo especialmente a aquellas vinculadas con la autorregulación académica y conductual), el ANOVA permitió examinar las diferencias en la procrastinación académica total y en sus dimensiones en función de los perfiles de consumo de alcohol. En la Tabla 2 se presentan las medias y desviaciones estándar correspondientes a cada grupo, así como los resultados de los análisis inferenciales.
| Variable | Consumo sin problema (M ± DE) | Consumo de riesgo (M ± DE) | Consumo con problemas (M ± DE) | F(gl) | |
|---|---|---|---|---|---|
| Aversión a la tarea | 3.90 ± 2.21 | 3.85 ± 2.31 | 4.51 ± 2.26 | 2.16 (2, 554) | .008 |
| Mala gestión del tiempo | 13.73 ± 3.30 | 14.47 ± 3.29 | 15.69 ± 3.14 | 8.55 (2, 518)*** | .032 |
| Bajo autocontrol emocional y motivacional | 13.24 ± 2.68 | 13.41 ± 2.56 | 14.25 ± 2.65 | 3.19 (2, 512)* | .012 |
| Asunción de riesgo | 6.08 ± 2.47 | 6.57 ± 2.35 | 7.79 ± 2.29 | 12.15 (2, 538)*** | .043 |
| Procrastinación total | 36.42 ± 8.03 | 37.83 ± 7.81 | 41.89 ± 6.90 | 9.47 (2, 472)*** | .039 |
En primer lugar, se identificaron diferencias significativas en la procrastinación académica total entre los distintos perfiles de consumo, F(2, 472) = 9.47, p < .001, = .039. Las comparaciones post hoc con corrección de Bonferroni indicaron ausencia de diferencias entre jóvenes con consumo sin problemas y jóvenes con consumo de riesgo (p = .194), mientras que el grupo con consumo problemático mostró puntuaciones significativamente superiores tanto en comparación con el grupo sin problemas (p < .001) como con el grupo de riesgo (p = .005).
En relación con las dimensiones específicas de la procrastinación, se identificaron diferencias estadísticamente significativas en la mala gestión del tiempo, F(2, 518) = 8.55, p < .001, = .032. El análisis de comparaciones múltiples indicó que estas diferencias se localizaban principalmente entre los niveles extremos de consumo. No se hallaron diferencias significativas entre jóvenes con consumo sin problemas y jóvenes con consumo de riesgo (p = .194), mientras que sí se observaron diferencias significativas entre jóvenes con consumo sin problemas y con consumo problemático (p < .001) y entre jóvenes con consumo de riesgo y con problemas (p = .005), siendo el grupo con consumo problemático el que presentó valores medios superiores.
Asimismo, en la dimensión de bajo autocontrol emocional y motivacional se observaron diferencias estadísticamente significativas entre los perfiles de consumo, F(2, 512) = 3.19, p = .042, = .012. No obstante, las comparaciones post hoc no mostraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos. Por lo tanto, nos hallamos ante un caso de falso positivo.
En cuanto a la asunción de riesgos, se observaron diferencias estadísticamente significativas entre los perfiles de consumo de alcohol, F(2, 538) = 12.15, p < .001, = .043. El análisis post hoc mostró que no existían diferencias significativas entre el consumo sin problemas y de riesgo (p = .073), mientras que sí se encontraron diferencias significativas entre jóvenes con consumo sin problemas y con consumo problemático (p < .001), así como entre el consumo de riesgo y con problemas (p = .002). En ambos casos, las personas con consumo problemático presentaron puntuaciones más elevadas.
Por último, no se observaron diferencias significativas en la dimensión de aversión a la tarea, F(2, 554) = 2.16, p = .117, lo que indica que esta dimensión no varía en función de los perfiles de consumo de alcohol.
Con el objetivo de analizar la capacidad predictiva del consumo de alcohol sobre la procrastinación académica, se llevó a cabo un análisis de regresión lineal múltiple. Este análisis complementa los resultados del ANOVA, ya que permite estimar la contribución específica de cada perfil de consumo sobre la procrastinación académica total, tomando como categoría de referencia el grupo con consumo problemático y aportando coeficientes de estimación, intervalos de confianza y porcentaje de varianza explicada.
El modelo resultó estadísticamente significativo, F(2, 470) = 9.41, p < .001, explicando un 3.9% de la varianza en la procrastinación académica (R² = .039; R² ajustado = .034). En relación con los predictores incluidos, se introdujeron dos variables dummy correspondientes a los perfiles de consumo sin problemas y consumo de riesgo, tomando como categoría de referencia el perfil de consumo problemático. Los resultados mostraron que, en comparación con el grupo de consumo problemático (categoría de referencia), alumnado sin problemas (β = -.343, p < .001) y alumnado con consumo de riesgo (β = -.251, p = .002) presentaron niveles significativamente más bajos de procrastinación académica (véase tabla 3).
| Variable | B | EE | β | t | IC 95% |
|---|---|---|---|---|---|
| Intercepto | 41.89 | 1.17 | — | 35.85*** | [39.59, 44.19] |
| Consumo sin problemas | -5.46 | 1.28 | -.34 | -4.28*** | [-7.98, -2.96] |
| Consumo de riesgo | -4.06 | 1.30 | -.25 | -3.14** | [-6.61, -1.52] |
En conjunto, los resultados muestran que los perfiles de consumo de alcohol se asocian con diferencias significativas en la procrastinación académica, especialmente en las dimensiones relacionadas con la autorregulación, como la gestión del tiempo, el autocontrol emocional y motivacional y la asunción de riesgos. En particular, el alumnado con consumo problemático presenta de forma consistente mayores niveles de procrastinación y peores indicadores de autorregulación en comparación con los perfiles sin problemas y de riesgo. No obstante, no se observaron diferencias significativas en la dimensión de aversión a la tarea, lo que sugiere que esta dimensión podría estar menos vinculada al consumo de alcohol. En línea con estos resultados, los análisis de regresión indican que los perfiles de consumo de alcohol se asocian significativamente con la procrastinación académica.
Discusión
El presente estudio tuvo como objetivo analizar la relación entre los perfiles de consumo de alcohol y la procrastinación académica en alumnado universitario. Además, se comparó el perfil de consumo y los niveles de procrastinación en función de las variables sociodemográficas y académicas.
En relación con el primer objetivo específico, orientado a analizar las diferencias en los perfiles de consumo de alcohol y en la procrastinación académica en función de variables sociodemográficas y académicas, los resultados muestran patrones diferenciados entre ambas variables.
En primer lugar, en lo relativo a los perfiles de consumo de alcohol, se observaron diferencias significativas en función de la edad y el género. Concretamente, el alumnado de mayor edad presentó una mayor proporción de consumo de riesgo y problemático, mientras que los más jóvenes mostraron porcentajes superiores de consumo sin problemas. Asimismo, los hombres presentaron una mayor proporción de consumo problemático en comparación con las mujeres. Estos resultados son coherentes con la evidencia epidemiológica disponible, que ha señalado la existencia de patrones diferenciales de consumo en función de variables sociodemográficas, especialmente en relación con el género y la evolución del consumo a lo largo del ciclo vital (; ). Por el contrario, no se observaron diferencias significativas en función de la rama de conocimiento, lo que sugiere que el consumo de alcohol podría estar más influido por factores sociales y contextuales.
En segundo lugar, en relación con la procrastinación académica, no se observaron diferencias significativas en función de la edad ni del género, lo que resulta coherente con investigaciones previas que indican que estas variables presentan efectos modestos o inconsistentes en la explicación de la procrastinación (; ). No obstante, sí se identificaron diferencias en función de la rama de conocimiento, lo que podría estar relacionado con las distintas demandas académicas, estilos de enseñanza o características propias de cada área de estudio ().
El análisis de las dimensiones específicas permite matizar estos resultados. Mientras que no se observaron diferencias en la aversión a la tarea ni en la gestión del tiempo, sí se identificaron diferencias en el autocontrol emocional y motivacional y en la asunción de riesgos. Este patrón sugiere que las variaciones en procrastinación entre ramas de conocimiento podrían situarse principalmente en componentes de autorregulación emocional y conductual, más que en aspectos relacionados con la percepción de la tarea. Esta interpretación resulta coherente con modelos teóricos que vinculan la procrastinación con procesos de regulación emocional y control de impulsos (; ), si bien estos mecanismos no pueden ser evaluados directamente en el presente estudio.
En relación con la primera hipótesis (el alumnado con perfiles de consumo de alcohol más problemáticos presentará puntuaciones superiores en las dimensiones de procrastinación académica relacionadas con la autorregulación, especialmente en mala gestión del tiempo, bajo autocontrol emocional y motivacional y asunción de riesgos), referida al segundo objetivo específico, los resultados indican que el alumnado con perfiles de consumo de alcohol más elevados presentan mayores niveles de procrastinación académica, especialmente en dimensiones vinculadas a la autorregulación Estos hallazgos son coherentes con la literatura previa, que ha señalado que las dificultades en los procesos de autorregulación constituyen un elemento común tanto en la procrastinación como en diversas conductas de riesgo para la salud (; ). En esta línea, diversos estudios han observado que el alumnado con mayores niveles de procrastinación tiende a implicarse en mayor medida en conductas de riesgo, especialmente en contextos de estrés académico (; ).
Concretamente, la ausencia de diferencias en la dimensión de aversión a la tarea sugiere que no todos los componentes de la procrastinación se relacionan de la misma manera con el consumo de alcohol. Este resultado apunta a que las dimensiones más directamente vinculadas con la autorregulación conductual y emocional podrían desempeñar un papel más relevante en la asociación observada, en comparación con aquellas centradas en la percepción subjetiva de la tarea. Esta diferenciación resulta consistente con modelos teóricos que conciben la procrastinación como un constructo multidimensional, en el que no todos los factores presentan el mismo peso explicativo ().
En cuanto a la segunda hipótesis (los perfiles de consumo de alcohol se asociarán significativamente con la procrastinación académica total, de modo que el alumnado con consumo sin problemas y con consumo de riesgo presentará menores niveles de procrastinación académica que el alumnado con consumo problemático), los análisis de regresión indican que los perfiles de consumo de alcohol se asocian significativamente con los niveles de procrastinación académica. En concreto, el alumnado con consumo sin problemas y de riesgo presentan menores niveles de procrastinación en comparación con aquellos con consumo problemático. Estos resultados sugieren que el consumo de alcohol podría estar asociado a diferencias en los procesos de autorregulación académica.
En conjunto, los resultados obtenidos son coherentes con la evidencia que sugiere que la procrastinación académica y el consumo de alcohol podrían estar relacionados a través de mecanismos comunes de autorregulación. Por un lado, el consumo de alcohol se ha asociado con alteraciones en procesos cognitivos y ejecutivos implicados en la inhibición, la toma de decisiones y la planificación, lo que podría dificultar la regulación del comportamiento académico (; ). Por otro lado, la procrastinación se ha vinculado con estrategias de afrontamiento evitativas orientadas a reducir el malestar emocional a corto plazo, lo que podría favorecer la adopción de conductas de riesgo para la salud, entre las que puede encontrarse el consumo de alcohol (; ).
Desde una perspectiva aplicada y psicoeducativa, estos hallazgos tienen implicaciones relevantes para el ámbito universitario, ya que permiten vincular una conducta problema, como el consumo de alcohol, con dimensiones académicas y autorregulatorias susceptibles de intervención educativa. En particular, los resultados sugieren la conveniencia de desarrollar programas orientados a mejorar la gestión del tiempo, el autocontrol emocional y motivacional, y la toma de decisiones del alumnado universitario. Este planteamiento se alinea con una concepción de la intervención universitaria no limitada a la prevención del consumo, sino también dirigida a la promoción de competencias personales y académicas que favorezcan el bienestar, la adaptación al contexto universitario y la reducción de conductas de riesgo. La integración de estos enfoques en programas de prevención del consumo de alcohol podría contribuir a abordar de manera conjunta factores de riesgo compartidos, favoreciendo un enfoque más integral en la promoción de la salud y el bienestar en el contexto universitario (; ).
El estudio presenta varias limitaciones que deben tenerse en cuenta. En primer lugar, aunque la literatura sugiere una posible relación bidireccional entre procrastinación académica y consumo de alcohol, los resultados deben interpretarse únicamente como asociaciones, debido al carácter transversal del diseño y al uso del perfil de consumo como variable de referencia. En segundo lugar, el empleo de medidas autoinformadas puede introducir sesgos de deseabilidad social y de recuerdo. Además, el muestreo no probabilístico limita la generalización de los hallazgos a la población universitaria. Por último, aunque se incluyeron variables sociodemográficas, sería conveniente incorporar otros factores psicológicos y contextuales para profundizar en los mecanismos implicados.
En futuras investigaciones, sería recomendable emplear diseños longitudinales y modelos analíticos más complejos que permitan explorar de manera más precisa la posible interacción entre la procrastinación académica y el consumo de alcohol, así como el papel de variables relacionadas con la autorregulación, el estrés académico y el bienestar psicológico.
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