DIGILEC Revista Internacional de Lenguas y Culturas 130
Digilec 12 (2025), pp. 126-147
extranjeras, realizaron una importante propuesta de clasificación de los tipos de cultura
que aporta más precisión para la comprensión de este concepto y su importancia en el
aprendizaje de lenguas. Así pues, dividieron el contenido cultural en tres concepciones
diferentes pero interrelacionadas: la “Cultura con mayúsculas” (“Cultura legitimada”,
como la renombraron unos años más tarde), la “cultura con minúsculas” (“cultura a secas
o “cultura esencial”) y, finalmente, la “kultura con k” (“cultura epidérmica”) (Miquel y
Sans, 2004: 3).
Si hay que visualizar la cultura como un iceberg, Jiménez Ramírez (2018: 15)
apunta que la «Cultura con mayúsculas» es la parte visible del iceberg, es la cultura
objetiva. La “Cultura con mayúscula” comprendería los elementos tradicionales como la
literatura, el drama, las artes, la música, la moda, la arquitectura. En palabras de Peón
Villar (2016), corresponde con la noción tradicional de cultura y abarcaría los
conocimientos que no son patrimonio de todos los hablantes, pero que se han hecho
popular por una determinada razón. Es la cultura popular. Reúne el saber geográfico,
literario, histórico, artístico, musical, científico y técnico, de instituciones, con carácter
enciclopédico y aprendido. Así pues, como ejemplos de “Cultura con mayúsculas” en
España tendríamos: El Quijote, los toros, Picasso, la guerra civil, el franquismo, el
flamenco, la sevillana, la paella, el Real de Madrid, las Fallas, San Fermín, etc. En
cambio, la parte invisible del iceberg representaría la “cultura con minúsculas” (“cultura
a secas” o “cultura esencial”), es decir “todo lo compartido por los ciudadanos de una
cultura [...] abarca todo lo pautado, lo no dicho, aquello que todos los individuos, adscritos
a una lengua y cultura, comparten y dan por sobreentendido” (Miquel y Sans, 2004, p. 4).
También se considera como la cultura subjetiva. Estos autores la denominan “cultura
esencial” porque consideran que debe ser el centro en el proceso de enseñanza y
aprendizaje del español ya que “su dominio permitiría a los individuos de una sociedad
desenvolverse con éxito en las situaciones comunicativas diarias” (Peón Villar, 2016, p.
18). En el mismo sentido, Guillén Díaz, citado por Santamaría Martínez (2008: 31) la
relaciona con «un saber acción, un saber hacer y saber ser/estar con los otros, que se sitúa
en el ámbito del comportamiento, de la vida cotidiana de lo corporal». Como ejemplos de
cultura a secas en España, tenemos el conjunto de nociones culturales que ayudarían al
aprendiz no nativo a relacionarse e interactuar correctamente si está en contexto de
inmersión, como saber que en España cuando se recibe un elogio, hay que reaccionar
quitándole importancia; cuando un español te invita a su casa a cenar no hay que venir
acompañado sin avisar como es común en Camerún, etc. Por eso la cultura en minúscula
se refiere a aspectos como el concepto de buena educación, de belleza, de tiempo, de
justicia, de distancia personal, etc. Finalmente, la tercera dimensión, la cultura con “k”
(Kultura) reúne las subculturas que existen dentro de una cultura y que permiten
distinguir social y culturalmente, así como interactuar lingüísticamente, a grupos
específicos; por ejemplo, las subculturas juveniles de determinadas zonas, el argot
juvenil, etc.
A partir de las definiciones anteriores, sobre todo las relacionada con la “cultura
con minúsculas” (“cultura a secas” o “cultura esencial”), percibimos la importancia del
componente cultural en la comunicación. Se aprende una lengua extranjera no para